Teniendo
en cuenta los datos aportados por los alumnos y los profesores en la actividad “diagnóstico
participativo”, me di cuenta que una de las aulas que comparten varios grupos de alumnos de distintas materias,
estaba bastante despersonalizada y eso influía en que los alumnos la sintieran
como “menos suya”.
Invité
a un grupo de alumnos/profesores a que pensaran en el aula y que me dijeran qué
elemento podríamos transformar para dar un poco más de vida y personalizar el aula. De todas
las respuestas obtenidas, lo que más se repetía era la idea de transformar la
decoración de las paredes.
De esta
manera surgió el reto, llenar las paredes de vida y de movimiento teniendo como
punto de partida la siguiente idea: un grupo de alumnos comenzaban la transformación pero con
el compromiso de que el resto de alumnos que utilizan ese aula y los
profesores, contribuyeran a enriquecer y mejorar ese espacio.
Los alumnos
se pusieron manos a la obra y eligieron qué parte de las paredes decorar, cómo
hacerlo, qué contenido y qué materiales iban a utilizar. De esta manera comenzó
la transformación de unas paredes del aula y comenzó el reto de contagiar a los
demás compañeros y profesores para que la llenaran de vida, conocimientos y
experiencias vividas en el aula.









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